Cruzó fronteras buscando “una vida mejor”.

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Una mujer negra en un país racista. No puede explicarse, lo intenta, está asustada, vulnerable y vulnerada. El policía la observa arrogante, la carabinera va con la vista baja, pero inmutable, neutra. Joane tiene el rostro mojado por el llanto. Va esposada.

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Crímenes racistas en Chile. A 9 años de la detención y posterior muerte de Joane Florvil

Joane Florvil, una mujer haitiana y migrante en $hile fue detenida en agosto de 2017 (el día 30). Un mes más tarde, el 30 de septiembre ya estaba muerta. Tenía 28 años y era madre de una beba de 2 meses.

Joane murió pensando que su hijita seguiría alejada de su entorno afectivo, en el Servicio Nacional del Menor, SENAME, un lugar doloroso y cruel para la niñez de familias empobrecidas.

Aquello había comenzado cuando un hombre desconocido se le acercó en la vía pública para ofrecerle trabajo. Ella lo comunicó a su marido y éste acudió a las oficinas municipales de Lo Prado por la oferta, pero en un confuso incidente, alguien hurtó todas sus pertenencias, entre las cuales estaban sus documentos, sin los cuales no podría postular a ningún trabajo. Cuando Joane se enteró, volvió a la municipalidad para aclarar lo sucedido y no perder la chance del trabajo para su marido. Necesitaban ese trabajo.

Fue con su beba, pero no podía explicar las complejidades de su caso, entonces le pidió ayuda al guardia de seguridad para que cuidara a su hija. Cruzó la calle hacia una construcción a buscar a un trabajador haitiano que pudiera traducir lo que tenía que explicar, pero no lo encontró, por lo que alargó su viaje hasta su casa para buscar a un vecino que pudiera ayudarle.

No había pasado ni un día de que ella había dejado a su hijita con el guardia, tal vez unas horas, pero las personas encargadas de la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia, OPD, de la comuna de lo Prado en Santiago, decidieron activar sus protocolos para informar de un supuesto “abandono de menor”. Cuando activaron su burocracia, los carabineros actuaron rápido y la detuvieron fácilmente porque Joane no estaba “escapando”, no había abandonado a su hija y ni siquiera sospechaba porqué estaba pasándole esto.

Una policía sin voluntad de respeto ni escucha

Esta policía chilena podría haber percibido la confusión de Joane, pero no tubo voluntad para ello, y en lugar de eso, la detuvo sin prestar atención a los intentos de ella por explicarse. La llevaron esposada hasta la 48° Comisaría «de la Familia» de Santiago.

Los medios televisivos no trepidaron en mostrar a la mujer haitiana, confundida y desesperada siendo detenida. La imagen es detestable, como muchas de las imágenes de personas empobrecidas y migrantas que suelen mostrarnos cada día por la racista tevé abierta $hilena.

Fue una imagen devastadora: Una mujer negra en un país racista. Ella no puede explicarse, lo intenta, está asustada, vulnerable y vulnerada. El policía la observa arrogante, la carabinera va con la vista baja, pero inmutable, neutra. Joane tiene el rostro mojado por el llanto. Va esposada.

Nadie, ninguna institución responsable de esta injusticia, en esos primeros días horribles del fin de la vida de Joane, intentó buscar a alguien que supiera creole y español para lograr entenderla. Ella solamente había solicitado a un hombre con un uniforme -que se pretende “de seguridad” en $hile-, que cuidara a su beba mientras gestionaba las necesidades de sobrevivencia de su familia.

En la comisaría “de la Familia” la ingresaron a un calabozo, ella, frustrada e impotente, gritaba: “¡la beba, la beba!”… Al otro día Joane fue ingresada a Urgencias de la Posta Central. Solamente 13 días después llegó un abogado del Instituto Nacional de Derechos Humanos, INDH, con un traductor. Ella le explicó que estaba desesperada y no recordaba todo lo sucedido en el calabozo, que los carabineros tampoco habían querido tomar la denuncia del hurto a su marido, que ella estaba sumamente preocupada por su hija.

La beba de Joane tampoco tuvo derechos en Chile

El 14 septiembre, funcionarios de la Posta Central y del INDH fueron a la embajada de Haití y solicitaron apoyo social para la familia y la recuperación del pasaporte que habían robado al marido de Joane en el hurto. Ella seguía en la Posta Central, pero no era libre, estaba imputada y custodiada por carabineros. Su hijita de solo dos meses de vida, no estaba con su padre, si no que bajo la custodia de Servicio Nacional del Menor, SENAME. Joane fue ingresada a la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, por una falla renal.

Los Tribunales $hilenos por medio del Juzgado «de la Familia» de la comuna de Pudahuel, habían fijado la audiencia contra la imputada por el supuesto delito de «abandono de menor» para el 20 de septiembre, pero ella no podría asistir, era obvio, estaba grave. Entonces fijaron una nueva audiencia para el 27 de septiembre, Joane estaba aún más grave. En esa ocasión, ratificaron la medida cautelar: la niña seguiría bajo el cuidado del «Servicio Nacional del Menor». No iban a devolverla, al menos, no todavía. Luego de la apelación, se fijó otra audiencia para dos meses más tarde, cuando su beba ya tendría 4 meses de vida (enorme periodo de tiempo sin su apego materno para una recién nacida). A los dos días, Joane fue trasladada, otra vez a la Unidad de Cuidados Intensivos, sin diagnostico conocido. Durante esa noche del día 29, decidieron trasladarla nuevamente al Hospital Clínico Universidad Católica, un recinto de la salud privada de mucho prestigio, pero ya era demasiado tarde, no lograron reparar el daño. Joane falleció al otro día, el 30 de septiembre.

Cuando llevaba ya 5 días muerta, el quinto día de octubre, ante las presiones sociales de algunos funcionarios de la salud, del INDH, del Servicio Jesuíta Migrante, de las organizaciones de migrantes, y sobre todo por la revelación mediática del caso de Joane, el «Tribunal de Familia», decidió dictar una resolución acogiendo ¡por fin! estándares internacionales de derechos humanos y decretando un “acercamiento familiar de la niña” con su padre. Esto, por “la condición de apnea que aquejaba” a la pequeña.

Joane no llegó a enterarse del destino de su beba. Murió en vulneración racista de sus derechos como madre, como mujer, como humana libre de traspasar fronteras para lograr una vida mejor para ella y sus seres amados.

Protesta de algunas feministas fuera de la 48 Comisaría «de la Familia»