La autonomía como una manera de ser parte del mundo
Mira, yo creo que el amor libre existe y no necesita llamarse de otra manera. El amor es un sentimiento como todos los sentimientos, que se ha construido. No es que por generación espontánea que una aprende a amar de una manera determinada. Y puedes también desarmar esa manera. Y eso es maravilloso y también difícil. Creo que el amor no necesita ni siquiera que le llamen poliamor. A mí esas cosas, no sé, me descomponen un poco, estas denominaciones varias y que se pretenden nuevas, fundacionales.

Entrevista pública a Victoria Aldunate
Por Mariana Villaverde
Conocí a Victoria en el año 2013, cuando estaba haciendo mi investigación sobre feminismo autónomo. Por una beca de estudios, conseguí vivir unos meses en Santiago. Llegué a Victoria por la búsqueda de feministas autónomas. Supe de los colectivos Las Clorindas y Memoria Feminista. A esta última, perteneció Victoria hasta cerca de 2013. Actualmente ella es parte de la colectiva, también autónoma, Red de Terapeutas Tierra y Territorio, que se inició en revuelta popular en Chile, en 2019.
La vida y sus vueltas nos siguen encontrando. Y hoy después de 13 años, haciendo mi investigación doctoral vuelvo a oír esta entrevista, y por fin la desgrabé completa. Pienso que la historia oral es tan necesaria y urgente como los textos teóricos que no se paran de producir. Las entrevistas, una vez que las hacemos públicas, ya son parte de un acervo político para nuestra memoria.
No está completa para no caer en excesos y repeticiones. Pero tiene sus partes esenciales. Espero que la disfruten.
MARIANA: La autonomía para vos pasa más allá de lo macro político… Entonces, en las relaciones íntimas hay un cuestionamiento de la autonomía desde ese lugar también.
VICTORIA: Sí, yo creo que es algo que desarrollaron algunas feministas en otros momentos históricos, pero que no se ha tomado en cuenta lo suficiente en el activismo actual y que es parte de descolonizarnos, dejar de blanquearnos y asumirnos mestizas[1]. Entre paréntesis, la mestiza es lo peor que hay, peor que la india para Guaman Poma, quien dice que las mestizas son grandísimas putas porque perdieron toda la pureza de la india y se metieron con cualquiera. Y esa soy yo, y me gusta ser impura. Entonces dentro de eso yo creo que estas mestizas, que aquí en Chile, llamamos guachas (que viene de guacho, del que no se sabe el padre), somos un guacherío que necesita desblanquearse.
MARIANA: Y me quedé pensando en lo que decís. ¿Qué lectura tienes del feminismo comunitario? ¿Crees que cae en esa idea complementaria?
VICTORIA: Sí, yo lo veo bastante “complementario”. Yo nunca había mirado la idea de la complementariedad así tan clara y tan de cerca como en Bolivia. En Chile, en organizaciones mapuche a las que fui invitada antes de vivir en Bolivia, como la COOAMS entre 2007 y 2010, estábamos en cuestiones muy coyunturales, como la huelga de hambre de Patricia Troncoso, pero entre nosotras sí conversábamos con compañeras y compañeros mapuche sobre feminismo y sexualidad. Nunca escuché de ellas y ellos, la palabra o el concepto “complementariedad” para hablar socialmente de mujeres y hombres, pero sí entendí que asumen igualmente esta idea en una búsqueda de recuperar raíces, de construir identidad. También he sentido que ese ordenamiento del mundo como si fuese natural, se parece mucho a la idea indianista que conocí en Bolivia. Yo lo discuto. A veces los movimientos que sí son radicales en aspectos muy urgentes y también relevantes como la liberación anticolonial y antirracista, no incluyen la reproductividad de las mujeres en su antirracismo y anticolonialismo, y siguen manteniendo una mirada dominante sobre las mujeres. Tal vez, esa pregunta, sobre quiénes realmente somos, la hacemos porque aprendimos a dividir cuerpo-alma, público-privado, pasado-presente. Yo creo que somos un continuo.
MARIANA: ¿Y qué opinión política que tenés de lo queer?
VICTORIA: Yo creo que lo queer tiene un elemento revolucionario desde una mirada donde te sacudieron un poco y te dijeron «Hey mira, sabes que las mujeres son un invento». Ok, digo yo, somos un invento, pero muy real, histórico y material. Necesitas profundizar en la historia que construye estas posiciones colectivas como ser mujeres, que no somos unos genitales, unas tetas, somos una historia colectiva de humanas bajo mandatos, y capaces de configurarnos en movimientos radicales. No es poco. Si te quedas en que somos un invento, hasta ahí te llega lo revolucionario, porque me diluyes absolutamente, diluyes toda mi historia, diluyes toda mi memoria política.
MARIANA: ¿Pusiste alguna vez en duda la palabra feminismo o el ser feminista?
VICTORIA: No, escuche muchísimo esta idea de algunas feministas en encuentros y conversaciones. Que no deberíamos llamarnos feministas porque viene de “femenino”. Me parece otra vez que es centrarse en las palabras, en el lenguaje y no en la historia política. Yo creo que el feminismo hace falta en tanto exista el patriarcado y su heterosexualidad obligatoria. Así mismo, como hace falta la revolución en este país y en el mundo. Creo que el feminismo por su historia, es profundamente revolucionario y es tanto y más revolucionario, que el marxismo (que en su praxis ha revelado demasiados dogmas). Creo en el feminismo materialista, radical y autónomo.
MARIANA: ¿Participaste de los encuentros autónomos latinoamericanos o alguna vez?
VICTORIA: Algunos, muy pocos. En este territorio tan lejano es como si nos pensáramos fuera del continente. Hay una vivencia así de ser un sur extremo, y estar muy lejos. Y entonces, sí fui al de Cartagena, acá mismo, porque estaba aquí, era barato y fácil asistir. A los otros encuentros, a la mayoría no fui. Hubo un momento en que en el colectivo, empezamos a cuestionarnos esto. Ya había pasado el encuentro de Cartagena, varias de la Memoria Feminista, habíamos estado en él. Entonces nos empezamos a plantear ir al encuentro de México. Lo habíamos decidido y estábamos buscando los medios. Me fui a Bolivia, pero lo de ir al encuentro de Mexico, fue por una decisión y gestión de mi colectivo de ese tiempo (la Memoria).
MARIANA: ¿Crees que la lucha del aborto es necesaria, la legalización del aborto?
VICTORIA: A mí me parece que la legalización del aborto es una trampa más. Yo aborté en la Unión Soviética y en Chile. En Chile, clandestina con unas compañeras feministas y me trataron muy bien, fui muy contenida, muy acogida. En la Unión Soviética en cambio, donde el aborto es legal, fui abusada por el matrón en el hospital público y socialista. Entonces yo creo que el aborto legal da permiso al estado para manipular legalmente tu cuerpo y tu vida desde su violencia patriarcal.
MARIANA: ¿Y qué hacemos?
VICTORIA: Desarmarlo totalmente, el caos siempre pare un algo distinto, que puede ser mejor. Tal vez sea parte de lo que ya hemos estado haciendo hace unos siglos. Es cierto que la historia de las mujeres viene de más a menos, de más libertad a menos, y cuando la normas, se extingue. Pequeñas fisuras al sistema, sí hemos logrado, pero no por el camino del Derecho. Ha habido un cambio más o menos silencioso en nuevas generaciones. Mi hija es feminista, y ha crecido sabiendo lo que ya hemos revelado las generaciones anteriores y descubriendo otras, pero con bastante más ventaja que nosotras. Hay cosas que yo me las estuve preguntando un buen rato antes de quitarlas de mi vida como la heterosexualidad obligatoria, ella, me parece, que rápido la desechó. Algo bueno parece que hicimos desde la radicalidad feminista política, cotidiana, activista.
MARIANA: Lectura hegemónica.
VICTORIA: Claro. En este camino en el que muchas nos hemos hecho feministas, probablemente hay momentos en que se ha perdido el contacto con la realidad de otras mujeres que no son feministas. Una lucha para mí, ha sido hacer contacto. Recuperarlo. Y sé que, si lo pierdo, tengo la conciencia que me ayudará a recuperarlo. El feminismo te da unos ojos nuevos, pero también a veces te enceguece. Un poco como el amor. Te enamoras del feminismo porque por primera vez te sientes realmente interpretada, y puede que entres en esos estados alterados de conciencia en los que romantizas.
.MARIANA: ¿Y qué idea del amor tenés? Ahora que hay toda esta discusión del poliamor, el amor libre.
VICTORIA: Mira, yo creo que el amor libre existe y no necesita llamarse de otra manera. El amor es un sentimiento como todos los sentimientos, que se ha construido. No es que por generación espontánea que una aprende a amar de una manera determinada. Y puedes también desarmar esa manera. Y eso es maravilloso y también difícil. Creo que el amor no necesita ni siquiera que le llamen poliamor. A mí esas cosas, no sé, me descomponen un poco, estas denominaciones varias y que se pretenden nuevas, fundacionales.
..Me pasó en Bolivia que llegué a enfermarme por no querer ver la violencia que estaba viviendo en pareja lesbiana. Renuncié a eso y me sané. No es mágico. Es que enfermarse tiene mucho que ver con que estés aceptando hacer la vista gorda con un contexto enfermante. Si logras decirte la verdad, puedes salir, puedes sanarte. Salir del círculo de la violencia, te sana. Cuando estás metida dentro de la violencia, cuesta ver, y también tiene que ver con que sacas “beneficios secundarios”, afectos, apegos, estabilidad, a veces prefieres no ver para quedarte con esos beneficios, que es una porquería. Y también es salir a la angustia de no saber a dónde me voy, por ejemplo. Si te das permiso para darte cuenta de todo, puedes salir. Si, en cambio, te autoengañas, te matas. Por eso, por tu salud mental es tan importante no maquillar la realidad, y saber quién de verdad eres, qué valoras, lo que no te gusta. Si te gustan los boleros, los tangos (como a mí), pero sabes bien que no quieres lo que te proponen como “amor”…
MARIANA: Claro, como reírse del mismo drama.
VICTORIA: Sí, claro, y con eso además te tomas con más con liviandad, pero no sin profundidad lo que vives y desarmas en ti. Hacer un poco más liviana la vida, sacarte la mochila de las culpas, puede servir. No conozco mucho la culpa cristiana, pero sí la comunista. Cuando aborté en la Unión Soviética, vino un tipo de “control y cuadros” a amonestarme porque si había estado embarazada y ahora no había guagua, entonces qué había hecho yo… Lo mandé a la mierda. No quiero eso en el feminismo. Que estemos persiguiéndonos entre nosotras: ¿por qué te pintas los labios, el pelo, te depilas? Es como cuando te dicen que, si te gustó un hombre, ahora te aguantas
MARIANA: Te iba a preguntar, la última pregunta, cuando me hablabas de la territorialidad ¿Crees entonces que se pueda llegar a hablar? Porque producto de lo que estaba tratando de indagar, es un feminismo autónomo latinoamericano. ¿Crees que se pueda hablar? ¿o que es muy contextual, entonces por eso las prácticas políticas van a cambiar?
VICTORIA: Mira, yo creo que Latinoamérica también es un invento. Es una abstracción del invasor republicano que se dijo latinoamericano para no decirse de un pueblo originario, para no decirse indio, y que peleó “por la patria” contra los “indios”. Por ejemplo, en Chile los chilenos, mestizos, patriotas, persiguieron a los mapuche. Pero resulta que Latinoamérica, por otra parte ahora ya sí existe (como las mujeres) somos y tenemos una historia, una memoria, que rasguñamos para entendernos. Más que en un feminismo indígena o comunitario, creo en un feminismo mestizo, que es la configuración de toda esta historia, sus bemoles, opresiones, sus darse cuenta de sus arribismos y desclasamientos, ver la complicidad entre hombres invadidos e invasores. Se suponía que éramos hermanos, pero no, nos vendieron también. En esta América Latina, por lo tanto, creo que la lucha feminista es una lucha que tiene que ser más radical aún y no dejarse caer en las trampas del indianismo, ni del marxismo o de los izquierdismos progresistas de los partidos, que son todos patriarcales. Incluso con el anarquismo, me voy con cuidado.
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[1] Las negritas son ideas/conceptos que resalto como fundamentales o principales para reflexionar.
