Specimen Humanus Porsilapongus
Se presenta sumamente halagador y complaciente pues esta es su mayor y más eficaz forma de cortejo. Se mostrará sorprendentemente interesado, atento y con una exagerada disposición.
Se presenta sumamente halagador y complaciente pues esta es su mayor y más eficaz forma de cortejo. Se mostrará sorprendentemente interesado, atento y con una exagerada disposición.
Es economía comunizada y colectivizada, protesta, denuncia, mujeres reunidas y economía solidaria feminista. Una táctica política que revela el trabajo doméstico como un ámbito relevante de la violencia patriarcal y su división sexual del trabajo. Pero también muestra en toda su dimensión la división colonial, criolla y de clase, del trabajo, entre mujeres y burguesía. No son “los cuidados” que refuercen la feminidad explotada, si no la autodefensa económica de mujeres empobrecidas por un sistema que no es solamente capitalista, también patriarcal, y que no cambiará mientras no se trastoque esto en cualquier sistema político y económico, porque todos los hasta ahora conocidos, han desplegado y despliegan su violencia estructural contra las mujeres en particular.
Cómo puedes quejarte de tus desgracias si naciste viril, fálico, miembro, completo. Y con tanta palabrería que rebozas, sigues sin querer abandonar tu suerte, confundiendo libertad con privilegio
El equipo debe ser multidisciplinario, bien académico (de esa gente a la que le llaman “licenciado” o “licenciada” –y no corrige porque le gusta el título-. Esto pinta muy bien, está muy de moda desde que desaparecieron las activistas políticas, sus denuncias, sus resistencias y los movimientos sociales).
Marzo es de las mujeres trabajadoras y todas trabajamos, no sólo las asalariadas o las que reciben monedas por lo que sea que hagan para parar la olla.
Si hay un trabajo generalizado en esta División Sexual del Trabajo diseñado por el Modo de Producción Doméstico, es el Trabajo de las Mujeres en la casa, en el barrio, en la Junta de Vecinos, en la Asociación de “Padres y Apoderados” (a la que van más que nada madres, hermanas, abuelas, tías…), en el Partido Político, en la Organización social, en el Centro Cultural, en la Comunidad, en la Okupa, y entre otros espacios, en todas las causas “solidarias” habidas y por haber (damas de rojo, verde, azul y todo el arcoíris).
¡Lo único peor que ser mujer, es ser varón! Yo me siento una persona que intenta fugar de los géneros, no una Queer»…
Los debates sobre ser o no “punitivistas” parecen haberse inaugurado con la funa por redes sociales a un militante de Pan y Rosas México y luego la denuncia de las feministas comunitarias antipatriarcales de Bolivia por femicidio frustrado, a la feminista -otrora anarquista y autónoma, hoy institucional- Julieta Paredes Carvajal. Vinieron más denuncias a militantes y ahí aprovecharon gobiernos y partidos políticos, -los mismos que por siglos han sido trincheras reformistas y civilizadas de la masculinidad-, para declararse «feministas”.
No estamos condenadas y condenados a resistir eternamente. Ninguna institución, ni contrato social ni sexual surge de una supuesta esencia o "naturaleza" humana. El patriarcado y el capitalismo verdaderamente pueden caer. La primera condición es articular la fuerza social y política para lograrlo detrás de una estrategia y objetivos revolucionarios y no de reforma de este sistema y este Estado capitalista-patriarcal.
"Los preconceptos que tiene nuestro sistema Judicial respecto a la violencia de género son increíbles. Da impresión leer los fallos por la cantidad de etiquetas y estigmas con los que carga la mujer por ser mujer en la Justicia argentina. Desde la provocación que termina en femicidio hasta la justificación de abusos sexuales", destaca Diana y agrega: "La cuestión judicial es tortuosa porque además le piden testigos a un delito que se comete puertas adentro. Salvo que encuentres sistematicidad en la conducta del agresor como fue el caso de Darthés, es muy complicado".
Proponemos la implementación de protocolos que permitan intervenir en casos de violencia en las instituciones educativas, en los ámbitos laborales y sindicales, teniendo en cuenta las diferencias que existen cuando se trata de pares menores, de pares adultos o de relaciones de poder. Estos protocolos, que permiten la resolución de conflictos con el consentimiento de la víctima, también establecen claramente el derecho elemental y democrático a la defensa del acusado. Pero también impulsamos la organización de comisiones de mujeres en todos los lugares de trabajo, en los centros de estudiantes y los sindicatos.