Otro aniversario del golpe militar en Chile

Cueca Sola: la memoria insurgente de las mujeres y disidencias chilenas
X Claudia Korol*
El mismo día en que los corazones se apretaban, hablamos con mujeres que bordan el bello telar de la memoria insurgente. Francisca “Pancha” Droguett, del colectivo Cueca Sola y de Feministas del Abya Yala, comparte: “Este 11 de septiembre cumplimos 53 años del golpe civil, militar, empresarial y eclesiástico aquí en Chile. A pesar del horror, de la violación sistemática a los derechos humanos, de la impunidad del gobierno de Kast, la memoria sigue siendo un ejercicio urgente del día a día. Miles de personas ocupamos sitios de memoria por todo Chile. El domingo anterior se dio inicio a la conmemoración con la romería, desde Santiago centro hasta el Cementerio general. Miles de personas haciendo este ejercicio de memoria insurgente, visitando cada hito en el cementerio. El mismo 11 se hicieron acciones en Londres 38, Estadio Nacional, José Domingo Cañas, lugares de tortura y exterminio. Marcharon estudiantes desde la universidad, los liceos, denunciando no sólo el horror de la dictadura sino del pasado colonial, y los distintos hitos de violencia estatal, la violencia sistemática y violación a los derechos humanos en la Revuelta, y hoy la impunidad. Fueron días movidos donde dijimos Nunca+ impunidad, seguimos luchando por verdad y justicia”.
Pancha se emociona: “Quisiéramos recordar la lucha histórica de las mujeres para derrocar a la dictadura. El Movimiento de Mujeres por la Vida, en los 80 aunaba a mujeres feministas, de distintos partidos políticos, organizaciones sociales, feministas autónomas, que de manera masiva salieron a las calles exigiendo el Nunca+. La gran consigna fue “democracia en el país y en la casa”. Mujeres por la Vida no necesariamente se definía feminista, pero la mayoría lo eran. Utilizó muchísimas herramientas de la educación popular y de las artes para hacer denuncias. Empezaron a llenar teatros, como el Caupolicán, donde hicieron el “caupolicanazo”. Hay unos legados hermosos: las consignas, la actividad artística, la educación popular, fueron parte de un feminismo que se fue tejiendo entre pobladoras, obreras, trabajadoras del hogar”…
“En 1978, al alero de la Vicaría de la Solidaridad se crea la agrupación folklórica de la Cueca Sola, reivindicando a la cueca campesina, e interpelando las ausencias de los detenidos desaparecidos y asesinados. Desde 1978 nunca se ha dejado de danzarla. Como colectivo Cueca Sola hemos reivindicado esa memoria, así como la memoria de las disidencias, las migrantes, las defensoras de la naturaleza, los casos de lesbo y transfemicidios. Trenzamos el hilo rojo de la memoria, danzando este 11 de septiembre.”
Desde Arica a Punta Arenas, mujeres de todas las edades bailan la Cueca Sola, algunas jóvenes con la energía de la vida y la historia escritas en el cuerpo con el ejemplo de sus ancestras. Otras mayores que con pasos cortitos no dejan de bailar para traer a sus ausentes. Cueca Sola como acto colectivo, masivo, de mujeres en rebeldía.

Poesía del horror: preguntas de memoria bruja
Victoria Aldunate Morales es periodista, terapeuta, poeta, activista lesbiana, feminista autónoma. Ante la decisión del gobierno facho de obviar la celebración, su poesía rabia y pregunta: “¿Para qué unos representantes de la República-estado genocida colonial / conmemorarían, indolentes, el daño ejecutado por ellos mismos?/ ¿Para qué remover su hedor fascista si ya rebalsa de excremento La Moneda? / ¿Para qué la mierda evacuada por la dictadura, agasajaría su capacidad infame de torturar, desaparecer y tirar al mar, agonizantes, a sus víctimas? / ¿Para qué esa ralea infame mostraría, alegre, su supurante odio? / … / ¡Qué sigan danzando como vampiros sobre cadáveres y tumbas! / ¡Cómo payasos descarriados y sangrientos performando su falsa santidad! / ¡Que no manoseen nuestra memoria los criminales desde sus podios!”.
La poesía continúa preguntando desde las llagas de un dolor antiguo. Victoria nos comparte: “Fui presa política a los 17 años. El golpe me llegó a los 12 años. Hija de revolucionarias, madre y padre, nieta de simpatizantes del anarquismo, autodefinidas algunas como proletarias. A los 12 desperté con el llanto de mi madre y mi abuela. Mi madre se fue a defender a su gobierno, mi abuela se quedó a protegerme. A los pocos días el horror se manifestó. Mis amigos fueron asesinados en un regimiento. Tenían 17 y 19 años dos de ellos. Vi el cadáver amoratado de mi amigo Denrio de 17. Lloré y lloré y sigo llorando en septiembre cada año, con el compromiso de por vida de denunciar y recuperar lo que perdimos”. Con el impacto de los actos que se vienen realizando agrega: “Quiero decir que el daño transgeneracional no cesa, y por lo tanto tampoco se termina la memoria transgeneracional. Veo que a nuestras hijas y compañeras jóvenes les importa, se conmueven, y están con nosotras, quieren estar, ellas lo proponen. Eso significa que no está todo perdido, que la denuncia no debe silenciarse, y que cuando nos muramos nosotras van a seguir otras, porque esto no se detiene con nada. El sentimiento de justicia y revolución no se mata, ni se apresa, ni se desaparece. Esos sentimientos no se detienen ni se cancelan.”

La prisión, la tortura y la impunidad continúan en Chlle
Juana Rosa Aguilera Jaramillo preside la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura. Ex presa política, militante del MIR, participa hoy de la coordinación por Julia Chuñil (mujer mapuche defensora del bosque nativo, desaparecida hace casi dos años). Juana se reconoce en la genealogía de resistencia de las mujeres chilenas: “Tenía 16 años para el golpe de estado, estaba todavía en la educación secundaria. Mi familia obrera era militante del allendismo. Yo tenía un padre y una madre que conversaban mucho con nosotros, los hijos, y nos iban enseñando. … Cuando sucede el golpe de estado, varios jóvenes nos juntamos a hacer cosas desde nuestra particular forma de mirar, en un momento bien dramático para la familia y para el país. La gente había sido detenida, había gente que había sido encontrada muerta, cuyos cuerpos los entregaron, gente que no se sabía. … Ese mundo también estaba lleno de rumores. Se hablaba que el general (Carlos) Prats, que había estado en el gabinete del presidente Allende, venía con tropas desde el sur. Nosotros dijimos: “si esto está pasando tenemos que decir cosas”. Con lápices de cera escribimos en los autobuses del sur de Santiago, detrás de los asientos: “Ya viene el contragolpe”. … Pero no venía nada. Después hicimos unos adhesivos y salimos a pegar. Íbamos en pareja como si fuéramos novios -pololos-. Tú te quedabas contra el muro y él te abrazaba y pegaba el adhesivo … ¡en pleno toque de queda! … En ese contexto yo ingreso a la resistencia. Hoy día tengo 69 años. Cuando una mira hacia atrás ve cómo se estableció el terrorismo de estado, y cómo se verticalizó el crimen de tortura como eje principal, no solo para eliminar a los partidarios de la Unidad Popular, sino para instalar un sistema neoliberal financiero, extractivista, de control de la sociedad, que perdura hasta nuestros días, y a la vez para despojar a nuestros pueblos de los bienes naturales comunes, lo que ha permitido que las transnacionales y el empresariado nacional destruyan el medio donde vivimos miles de personas para sacar minerales, provocando la contaminación de las aguas para la instalación de la empresa energética, la destrucción de los bosques para el crecimiento de la industria forestal de monocultivos. A partir de ese momento fuimos condenados al extractivismo, que hoy vemos las consecuencias que tiene”.
Continúa Juana comentando la soledad de las mujeres nacida de la represión, pero también la fuerza que esto adquirió en la resistencia: “La mayor parte de las acciones represivas habían tocado a los hombres. Se llevaron a los padres, los compañeros, hijos, hermanos, y muchos hogares se convirtieron en reductos de mujeres solas. Ellas fueron las primeras en movilizarse para buscar a sus seres queridos, que no se sabía dónde estaban. Con el tiempo empezamos a entender que algunos fueron ejecutados, escondieron sus cuerpos, otros estaban desaparecidos, y algunos sobrevivimos. En ese movimiento la mujer juega un rol principal, buscando a sus familiares, pero también haciendo el trabajo comunitario que requería levantar bastiones de solidaridad, enfrentar la cesantía, el hambre, esto de ser parias. La mujer tuvo un rol preponderante en los comedores populares, las bolsas de cesantes, en el Comprando Juntos -que permitía una economía a escala-. La recomposición del tejido social la hacen esencialmente las mujeres, que mayoritariamente no habían estado antes en la militancia. Las había, pero era una minoría la organizada. Cuando la represión encontraba a una compañera militante, que resistía, que planteaba todas las formas de lucha, esa compañera sufría tres o cuatro veces el peso de su desobediencia, porque de acuerdo a todos los cimientos estructurales de opresión, ella tenía que estar en su casa criando hijos, y se había metido en política -un terreno de hombres-, usaba armas -otro terreno de hombres-, estaba en la calle -otro terreno de hombres-. Lo público les estaba negado. Cuando una mira lo que ha sido el destino de las compañeras detenidas desaparecidas, ellas vivieron lo indecible a manos de estos genocidas por su condición de mujeres. Las que estaban embarazadas sufrieron las violencias más atroces. Somos herederas de esas mujeres, y de ese movimiento que se arma para combatir a la dictadura. Yo fui parte de esos grupos, me siento heredera y tributaria para las nuevas generaciones de aquello que viví”.
Juana relata también las circunstancias personales de esas batallas por la vida: “En esa condición de militante de la resistencia fui apresada en Santiago por la Policía política. Por supuesto me llevaron a un cuartel secreto donde se torturaba a la gente, y fui a la cárcel cuatro años. Cuando salí, fui expulsada del país y quedé exiliada. Fui declarada persona no grata, por lo tanto tenía prohibición de ingreso al país, convirtiéndome no solo en refugiada política sino en una paria. La Constitución de Pinochet prohibía todos los derechos a una persona como yo. Impedía educar, votar, trabajar en un medio de comunicación, ocupar cargos de elección popular… Pasa el exilio y vienen los gobiernos civiles que dicen que puedo volver. Volví en 1991 y seguía paria. No me quedó otra que seguir organizándome. Iniciamos los procesos de reconocimiento y de castigo, de buscar justicia y hacer verdad respecto del crimen de tortura. Formamos la Agrupación de ex presos y ex presas políticas, de la cual fui dirigente nacional, y la Comisión Nacional sobre prisión política y tortura, que actualmente presido, para luchar contra el silencio al crimen de tortura. Esta comisión logró calificar testimonios de más de 38.500 sobrevivientes de tortura que pudieron probar que fueron torturadas por la policía política de Chile. También se supo que funcionaron más de 1200 centros de tortura. Pero el gobierno de Lagos hizo una ley para ocultar el nombre de los torturadores por 50 años. Así que se hizo verdad y se lograron pequeñas medidas reparatorias, pero se ocultó la posibilidad de hacer justicia y llevar a los torturadores ante los tribunales. ¿Qué significa esto? Que vivimos arriba de la impunidad. Simplemente podríamos encontrarnos con nuestros torturadores. Ellos saben que estamos aquí, conocen nuestros nombres porque fueron públicos, pero nosotros no sabemos dónde están… Con la Comisión Nacional de Prisión Política y tortura, con cerca de 40.000 personas torturadas documentadas, no hay nadie del otro lado que no sean solo opositores a la dictadura y gente de izquierda los que fuimos torturados. Se rompió la idea de que “estuvimos todos involucrados”, que “fue una situación de crisis y por lo tanto no hay víctimas ni victimarios, y podemos reconciliarnos”. Acá éramos puros sobrevivientes de tortura de un solo lado. Creo que fue un aporte de la sociedad civil a la lucha por la verdad y la justicia, aunque fueron pocos los torturadores llevados a los tribunales. … Como estamos en este proceso de impunidad, en la Revuelta Social del 2019 que dejó 11.925 querellas criminales por torturas, por violaciones a jóvenes, que dejó cerca de 500 personas mutiladas, esas querellas fueron cerradas sin ser siquiera investigadas. Es el peso que tiene la impunidad”.
Lucía Sepúlveda fue integrante del MIR Chileno, y actualmente forma parte de Chile Mejor sin TLC. También comparte aspectos de la resistencia de las mujeres: “Muchas mujeres fueron víctima de tortura y violencia político-sexual en los centros clandestinos de detención regentados por la DINA, la policía secreta de Pinochet. Ellas recolectaban información sobre los torturadores, reorganizaban su militancia, se conectaban con sus partidos, se solidarizaban con sus pares, y no bajaban los brazos. Su valiente comparecencia posterior ante tribunales permitió que la justicia comenzara a citar en sus fallos la existencia de violencia político-sexual y las prácticas aberrantes de los torturadores. Las mujeres también fueron combatientes en tareas de la resistencia armada, participando en operativos de ocupación de una radio, por ejemplo, y varias cayeron en acciones armadas de la Resistencia. Hubo notables mujeres que formaron parte de los destacamentos militares que tuvieron el MIR, el Movimiento Juvenil Lautaro y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Muy pocas sobrevivieron. Ellas debieron enfrentar decisiones muy difíciles, separándose de sus hijas o hijos para llevar a cabo tareas complejas, pero esas decisiones respondían a su profunda convicción. Para las y los jóvenes de hoy e incluso para sus propios hijas e hijos puede resultar incomprensible ese tipo de decisiones, que es necesario mirar en su contexto: una dictadura sangrienta que estábamos decididas a derrocar, y el profundo sentido colectivo que se le daba a la vida, priorizando el bienestar de todas y todos los niños de Chile por sobre el de la familia propia. La suerte de cada combatiente individual estaba ligada a la suerte de todas y todos sus compañeros. … En las tareas de agitación y propaganda, las mujeres eran parte de los talleres de impresión clandestina, así como de las brigadas de distribución de la prensa. En las poblaciones se constituían brigadas de salud para atender a los heridos en las protestas y en la lucha callejera, que era reprimida con ferocidad… Las tareas de memoria han sido impulsadas preferentemente por mujeres a través de escritos, películas, y el impulso a la recuperación y conversión de centros clandestinos de detención en espacios de memoria.”
“Las Yeguas del Apocalipsis”- Memorias disidentes
La memoria insurgente no es un ejercicio de nostalgia, sino de búsqueda de aprendizajes para enfrentar los nuevos desafíos. Reconocer la fuerza de las mujeres y disidencias, es un gesto necesario para seguir escribiendo historia. Francisca Droguett recuerda en primera persona: “Llegamos con mi mamá del exilio en Francia en 1984. Mi madre se hizo parte de la Casa de la Mujeres de La Morada, de la creación de Radio Tierra, y fue su primera directora. Ahí conocí las acciones de Pedro Lemebel y Francisco Casas, con las Yeguas del Apocalipsis, que visibilizaron en plena dictadura la disidencia sexual, e hicieron esa intervención hermosa sobre una figura invertida de América. Yo tenía 10 años y lo vi en vivo y en directo. O cuando Pedro y Francisco pasearon a caballo desnudos por la Alameda. Marcó muchísimo a toda una generación entender que había otras formas de luchar. Ya hace algunos años ha tomado más fuerza el reconstruir la memoria de las disidencias sexogenéricas. Se registran decenas de casos de travestis que fueron lanzadas al río Mapocho, que siendo el río principal de la ciudad, se convirtió también en el río de cadáveres donde se lanzaban los cuerpos de quienes querían desaparecer, entre ellos las maricas, las travestis. Lo otro que quisiera destacar dentro de las disidencias, es la creación en 1984 del primer colectivo lésbico feminista, el Colectivo Ayuquelén, que va a ser muy importante porque si bien ya en los 80 habían organizaciones de disidencia sexogenérica, las más conocidas eran de maricas, pero las lesbianas no era tan visibles. El colectivo Ayuquelen surge, además, producto del primer lesbofeminicidio registrado, el de Mónica Briones. Hace un par de meses se logró abrir un archivo disidente, donde está el trabajo de las Yeguas del Apocalipsis, la historia de Mónica Briones, las primeras manifestaciones de “las locas del 73”. Está en el Museo de la memoria de los derechos humanos”.

La Memo
La Red de Terapeutas Tierra y Territorio-Casa Mundanas-Bordadoras de Los Andes escribe: “No estar solas en 11 de septiembre es una manda, un sino, una obsesión. Es estar juntas, estar acompañadas y apañadas en el dolor que cruza generaciones. Estar con ellas y con el cuerpo grande e imponente de la Memo. Son mujeres grandes, jóvenes y niñas, las que se conjugan en la cuerpa de papel maché, engrudo y lágrimas, risas y sonrisas de esta Memo. También es la rabia de esta escultural mujer tejida de los rostros entrelazados de las caídas en la lucha por un territorio para los pueblos, para las personas comunes, para las mujeres empobrecidas, para la niñez mal alimentada que comenzó a nutrirse con el medio litro de leche aquel en las escuelas y colegios. La niñez, la juventud, las mujeres que escucharon y cantaron Venceremos, La Batea y la Canción del Poder Popular, que conocieron a Víctor Jara, los cordones industriales y los trabajos voluntarios. Estuvimos con ellas y ellas con nosotras en un estadio repleto de gente desconocida con la que sin embargo, compartimos un sentimiento común: la memoria sigue acá y nos protege del odio de un gobierno de utraderecha fascista, componedor de los restos criminales de la Dictadura. Porque la memoria de las mujeres revolucionarias no se transa. ¡¡Ni perdón, ni olvido, ni reconciliación!!
11 de septiembre. Resistencias por la vida. Las mujeres y disidencias en la primera línea de cuidado y autodefensa de cuerpos y territorios. Una Cueca Sola que se multiplica por miles, desde Arica a Punta Arenas, más allá y más acá de las grandes alamedas por donde caminan vidas que ganaron el derecho a sentirse libres, lindas, y locas.

*Puntada con Hilo fue autorizada para publicar este reportaje por su autora Claudia Korol. Este texto salió inicialmente ne Página 12 el 18 de septiembre 2026 en Página 12
