Bien con Dios y con el Diablo
Bien con Dios y con el Diablo X victoria aldunate morales La negación y el...
Bien con Dios y con el Diablo X victoria aldunate morales La negación y el...
Poco se diferencian estos feminismos con los bacheletistas. Aquellas celebraron el primer mandato de Bachelet emocionadas porque “era mujer”, y no les importó nada que también fuera la continuidad de la prisión política a gente mapuche en resistencia a las trasnacionales y la oligarquía. Soslayaron el asesinato de Matías Catrileo (2008) bajo su mandato, y más tarde, cuando se hizo internacional el reclamo feminista autónomo por la indiferencia gobiernista ante la huelga de hambre de la comunera y presa política mapuche, Patricia Troncoso, guardaron sus challas para “lamentarse” con alguna tímida declaración. Hay que reconocer -eso sí- que nunca organizaban “encuentros plurinacionales y antirracistas” en esas condiciones políticas de sus gobiernos.
subraya fragmentos de una historia feminista latinoamericana como la denuncia de “Cómplices” de Brasil sobre la gestación del proceso de Beijing con la AID (American International para el Desarrollo), la misma que indujo programas de esterilización forzada a mujeres. Una AID íntimamente relacionada con la política exterior de EE.UU. y de la cual era consultora la feminista Gina Vargas, que Pisano nombra como “encargada de llevar las políticas de la AID, a Beijing”. Y no deja de ser relevante este fragmento neoliberal de la historia feminista ya que a más de 25 años, hay feministas chilenas que pretenden la figura de Vargas como “autónoma”, lo que suena –al menos- sorprendente.
El feminismo” mixto y heterosexual, no quiere aceptar la memoria de un feminismo que confronta al Patriarcado como sistema político y que NO nombra al machismo, la lesbofobia, la homofobia, la transfobia como “cultura”, “inequidad”, “falta de oportunidades”, “discriminación”. Todos aquellos conceptos que como “diversidad”, le son tan saludables al capitalismo neoliberal y (neo)colonial, porque son y se quedan en la superficie.
Sí, el aborto puede ser una conducta amorosa también. Amorosa con todos, con el que no nacerá, con la que aborta, con los demás hijos (si los hay), con la sociedad en general. Evitará que nazca un niño que sufrirá miseria, abandono, parricidio, descuido, desamor.
La ética no tiene que ver con las normas, sino con lo que siente la persona en relación con lo que hace.
La “sororidad” se vuelve la mordaza que silencia los conflictos de clase y territorio en el feminismo de un país colonizado y devastado por el Capital.
Los debates sobre ser o no “punitivistas” parecen haberse inaugurado con la funa por redes sociales a un militante de Pan y Rosas México y luego la denuncia de las feministas comunitarias antipatriarcales de Bolivia por femicidio frustrado, a la feminista -otrora anarquista y autónoma, hoy institucional- Julieta Paredes Carvajal. Vinieron más denuncias a militantes y ahí aprovecharon gobiernos y partidos políticos, -los mismos que por siglos han sido trincheras reformistas y civilizadas de la masculinidad-, para declararse «feministas”.
Esta película no es sobre que los hombres no cooperan en la casa y por eso pierden a sus esposas (otra idea absurda de críticos de cine algo femilistos), es sobre la asfixiante maternidad que a su vez asfixia a las demás.
¿A 35 años del golpe contra el gobierno de Salvador Allende, qué lecciones podemos aprender de aquello? "¡Pregunta difícil!… Voy a e empezar por mí: yo aprendí que mi tristeza de cada septiembre es un sentimiento que necesito porque me dice que la destrucción de hace 35 años se prolonga hasta hoy..."...
"Una de las discusiones que tomó mayor importancia aquella tarde fue nuestra necesaria autonomía frente a la Coordinadora Feminista 8M, ya que en reuniones pasadas habíamos manifestado que nuestra postura política se apartaba de lo resuelto por dicha instancia en el sentido de incorporarse a la Mesa de Unidad Social. Rescatábamos la necesaria autonomía de las organizaciones sociales frente a los partidos políticos, con prácticas patriarcales y sin ninguna perspectiva feminista, más allá de transformar las demandas del pueblo movilizado en un pliego de peticiones a ser negociado con el Estado…”