LA REBELDÍA FEMINISTA NO PACTA CON EL ESTADO

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Sin duda, ha habido un auge y una masividad del feminismo que ha generado nuevas reflexiones y prácticas, pero nos parece preocupante la rápida capitalización institucional que ha tenido (por ej, se ha convertido en Frentes al interior de los partidos políticos, se ha centrado en levantar demandas al Estado, se formó un Partido Feminista, etc.), pues cuando el feminismo se transforma, mayoritariamente, en un pliego de demandas frente al Estado, lo que hace es reafirmarlo como un interlocutor válido, legitimando con esa acción

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X La Ventolera/ La Zarzamora, 19 de Noviembre de 2021

Luego de la insolente Revuelta Social, hemos visto, entre otras cosas, como la institucionalidad ha sido la salida validada por toda la clase política y más preocupante aún, por una importante parte del movimiento social que se posiciona desde cambios profundos y radicales.
Frente a este escenario, coincidimos con variadas miradas y escritos elaborados desde otras organizaciones en profunda crítica a esta salida, desde la firma de su Pacto por la Paz el 15 de noviembre, pasando por la participación en el plebiscito, y de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Esta nueva legitimación y modernización del Estado y el patriarcado-capitalista, que tiene su máxima expresión en la escritura de una nueva constitución, presenta algunas novedades, tales como, la participación de los pueblos originarios y de mujeres pertenecientes al movimiento feminista.

La incorporación de mujeres feministas a estos procesos es vista como un ‘gran avance’, o como señalan las feministas autónomas en los 90 ‘s “hay un supuesto: que estamos avanzando en los cambios que queremos. Pero además, hay otro supuesto: que todas estamos interpretadas en esa política”.

Sin duda, ha habido un auge y una masividad del feminismo que ha generado nuevas reflexiones y prácticas, pero nos parece preocupante la rápida capitalización institucional que ha tenido (por ej, se ha convertido en Frentes al interior de los partidos políticos, se ha centrado en levantar demandas al Estado, se formó un Partido Feminista, etc.), pues cuando el feminismo se transforma, mayoritariamente, en un pliego de demandas frente al Estado, lo que hace es reafirmarlo como un interlocutor válido, legitimando con esa acción las distintas instituciones patriarcales, por ejemplo: el visibilizar, denunciar y castigar la violencia en las familias, nunca pone en cuestión la familia como unidad nuclear creada por el patriarcado, – cuando se lucha por la legalización del aborto y no se cuestiona la heterosexualidad obligatoria como sostén del modelo -cuando luchamos por igualdad salarial y no cuestionamos el trabajo asalariado, entre otras.

En consecuencia, creemos que la reforma a esas u otras instituciones patriarcales no se encamina hacia su abolición, que entendemos como sueños del feminismo y nos hace entrar en la lógica de los limitados derechos que podemos obtener en un modelo que no está pensado para nuestro bienestar.

Entendido así, el feminismo se convierte en un movimiento modernizador y reformador, no de nuestras mejoras en la sociedad, sino que del Estado y las relaciones sociales patriarcales y capitalistas que le subyacen, las cuales al ser “actualizadas” bajo la validación de las mujeres, no hace más que dar falsos consuelos y aires de “libertad”, “de equidad” o de “participación”, manteniendo su misma estructura de opresión, violación y violencia cotidiana hacia nosotras. La historia nos ha enseñado que los movimientos reformistas, tienen precisamente, la función de reformar y no de cambiar profundamente la sociedad, son caminos paralelos y observamos, además, que los derechos obtenidos por las mujeres y el movimiento en general, siempre son parcelados y no llegan a todas las mujeres, por ejemplo: el número de mujeres que en Chile pueden acceder a un postnatal es muy restringido.


Es por esto que ante este nuevo escenario electoral que se desarrolla bajo la total impunidad de los asesinatos y torturas cometidas por el Estado durante la Revuelta Social; el territorio mapuche militarizado; compañerxs encerradxs en prisión; un alto número de mujeres asesinadas, en lo que denominan femicidios, en completa complicidad del Estado y la policía; con una descarada inflación de la vida (que hacen parecer de manera natural como una fórmula económica independiente de las decisiones conscientes de la burguesía para mantenernos empobrecidas), y una falsa polarización entre el fascismo de Kast y el progresismo de Boric, reafirmamos nuestra posición de no participar de su sistema. Contribuyendo, asimismo, a desmontar el mito de la democracia como un sistema político neutral, pues reconocemos que así como han naturalizado la existencia del patriarcado, también, lo hacen con el Estado, las relaciones capitalistas y su sistema político.

En este sentido, el voto no es algo inocuo, el votar o no, no es una acción que “da lo mismo”, por el contrario, en ese acto -que, además, se expresa como un logro, como un derecho- se evidencia la validación de nuestra propia explotación y opresión, como mujeres, como disidencias, como asalariadas y como pobres. En ese acto se materializa la obediencia a este modelo, que, a pesar de golpearnos y violentarnos a diario, van ciudadanamente ordenadas a ejercer su derecho al voto.

Es así que la historia se repite y, cada vez que lxs mismxs que nos mantienen en este estado de miseria nos convocan a ser parte de sus procesos democráticos, muchas corren a ocupar los asientos que nos “liberan”, para que ahora, hombres y mujeres en paridad, designen nuestra actual explotación.

A quienes optamos por no participar de su institucionalidad se nos acusa de marginarnos de las luchas sociales y de aislarnos, pero nos preguntamos, quienes son las que se aíslan realmente. Nosotras nos marginamos del Estado, más no de la organización constante en los barrios, trabajos y lugares donde habitamos y seguimos creyendo que es mucho más revolucionario cambiar el sentido común de las mujeres en nuestros territorios que tener representantes feministas en la casa de la burguesía.

Claramente, el feminismo no es uno solo, y explicitar las diferencias es un acto político responsable y necesario en estos tiempos en los que nos invitan a alegrarnos por los triunfos electorales y la cooptación del movimiento, que como, insistimos, no es representativo ni de todas las mujeres, ni de todas las mujeres organizadas. Nosotras creemos en una organización que nos permita construir y pensar otro mundo, con nuestros códigos, éticas, pensamientos e ideas, pues si este modelo ya le es ajeno a la clase trabajadora, para las mujeres lo es aún más.

¡No luchamos por derechos!
¡Luchamos por la liberación total!

La Ventolera
Feministas Autónomas
Lorenzo Arenas
Noviembre, 2021

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