Clase de «cocinas»

De maquinarias constituyentes entre Mani, el enviado de Dios y Maquiavelo, ese del «fin justifica los medios…»…

«Al Pueblo Unido, lo cagan los partidos» rayado Plaza Dignidad (foto: veam 25 de noviembre 2019)

X victoria aldunate morales, lesbiana feminista antirracista

Un día, en el año 99 ó 2000 (por ahí), opiné en una reunión: “se trata de un tema de clase también…”. Intentaba explicar cómo percibía que se configura la violencia estructural contra nosotras.

Fue en una reunión de organizaciones de mujeres y organizaciones feministas, ONGs y colectivas. La convocaba alguna institución con el objetivo de organizar un 8 de marzo. Nos habían invitado a las autónomas y fuimos.

Otra asistente (no sé de qué organización) me respondió: “¿De qué «clase» sería…? ¿Clase de bordado? ¿Clase de tejido? ¿Clase de cocina…?”.

Pasando máquina

Recién entrados los 90, en coordinaciones diversas (medios de comunicación alternativos, organizaciones de Derechos Humanos, centros culturales populares…), si las autónomas hablábamos de “feminismo y clase”, los hombres, irónicos, solían decirnos que nuestro “discurso era muy elevado para las pobladoras”.

Nos pasaban máquina cocinando descalificarnos como “intelectuales aburguesadas”.

El subtexto que percibíamos era que nosotras “no seríamos pobladoras”… ¿Tal vez veníamos “del barrio alto”? Mientras que ellos, en cambio, “compañeros pobladores”, “sabían lo que era elevado” para las mujeres empobrecidas (y lo que no lo era). Sabían las necesidades, opiniones, quejas, denuncias de “sus” novias, esposas, hermanas, madres, vecinas. De paso, estaban declarando –sin verbalizarlo- que “sus mujeres” no entendían, no accedían al pensamiento y a la autoconciencia.

Lo vinculé con los años 80, cuando viviendo en Moscú como refugiada política y estudiante, hablaba el ruso, y los rusos me preguntaban “¿Tienes novio ruso jovencita? ¡Hablas bien!”…

¿Es que pensaban que una sudaca como yo, no podía hablarlo bien ni siquiera viviendo allá, con ellos, en sus calles, todos los días? ¿Es que un “novio ruso», tenía que enseñarme a hablar?

(Tan lejos lxs empoderadxs y tan parecidxs en diversos territorios…).

Otra vez, constituyentemente, “cocinas”

Hace pocos días, en una reunión, reafirmé la postura de otra compañera sobre nuestro “No rotundo” a lo constituyente.

Expliqué con mi acostumbrada intensidad (parida por mi memoria) que ya nos la hicieron el 89, que no voy “con sus Acuerdos de Paz”, que la violencia contra las mujeres también se trata de traiciones de partidos políticos “izquierdistas” antiguos y nuevos, usando el género y –ahora- lo plurinacional, mientras por 30 años, han afianzado, firmado y solapado, la impunidad, el saqueo y el despojo…

Acto seguido, una joven constituyente que va por/con el PC (según le escuché decir, pero podría ser de cualquier otro partido del Congreso), respondió -entre otras afirmaciones- a mi queja y mi denuncia: “su discurso es muy elevado…”.

Solo le señalé –molesta, y mucho- que no me tratara de “usted” porque no soy señora pues no tengo marido, no soy señorita pues no soy jovencita, soy lesbiana, y tampoco soy patrona de nadie para que me trate de “usted”. (Ese trato colonial me suena entre la burla y la anulación, especialmente en la urbe).

¿”Máquina”, “cocinas”, ingenuidad, desconocimiento de la memoria política?… No lo sé, pero reactivó mi memoria celular que es política. Resonó tal cual los hombres, Occidente y muchas, que nos han inhabilitado de manera más o menos solapada.

De paso constato que siguen imaginando que saben lo que las (demás) mujeres no sabemos. ¿Creen -en serio- que no tenemos memoria, no estamos viendo ni comprendiendo lo que hacen?

Epílogo

Ya por el 2010, se hizo costumbre en $hile, convocar ampliamente a coordinaciones “para organizar el 8 de marzo feminista”. Por esos tiempos –creo- comenzaron todos a “ser feministas” por acá (por $hile urbano).

Llegábamos a salas repletas de representantes de diversas organizaciones, la gran mayoría mujeres, pero no faltaban algunos hombres. Alguno en trabajos administrativos y/o de comunicaciones como tomar apuntes, registrar; otros en silencio, oyendo, y nunca faltaba el que es capaz de citar a Lenin en su intervención.

Luego por los lenguajes gestuales (que comunican más que los discursivos) veíamos que eran los novios, compañeros, de las convocantes, que siempre resultaban ser de algún partido político.

La memoria política vale más que mil clases “de cocinas”. Reafirmo: el lenguaje no construye realidad, una la vive aunque no la nombren. Lo que sí, el lenguaje es capaz de encubrir falsas modestias, como de perpetuar –maniqueamente y/o maquiavélicamente* – la prepotencia política.

(Nota: * Maniqueismo de Mani, el sabio persa, que en el siglo III d.C., según la Historia Occidental, decía ser “el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad”. Y maquiavélico de Maquiavelo: “el fin justifica los medios”).

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